¿Por qué el teclado está dispuesto como QWERTY y no en orden ABC?
La fila superior del teclado es el célebre y desordenado QWERTY. El orden alfabético sería más fácil, y sin embargo QWERTY lleva 150 años siendo el estándar porque el atasco de la máquina de escribir y las necesidades de los telegrafistas se endurecieron juntos, y una vez que todos lo aprendieron, ninguna disposición mejor pudo desplazarlo.
Mira la fila superior del teclado que usas cada día. Q-W-E-R-T-Y. Está desordenada a ojos de cualquiera. Si las letras fueran de la A a la Z, hasta quien lo usa por primera vez encontraría cada una al instante, entonces ¿por qué esta disposición desordenada ha sido el estándar mundial durante 150 años? Más extraño aún: en una computadora puedes cambiar la disposición con un solo clic, y aun así nadie lo hace.
La historia más extendida dice así: las viejas máquinas de escribir se atascaban si tecleabas demasiado rápido, así que las letras comunes se separaron a propósito para frenar al mecanógrafo. Pero si miras de cerca, lo de "frenar" resulta raro. Construir una herramienta para que sea lenta a propósito no tiene mucho sentido. Además, en aquellos días no había mecanógrafos rápidos. Las academias de mecanografía y la escritura al tacto llegaron mucho después, así que no había a quién frenar para empezar. La verdad, entonces, es un poco más enredada, y un poco más interesante, que la creencia común.
No es que no existiera un teclado más eficiente. En 1936, un hombre llamado Dvorak presentó una disposición que reunía las letras comunes en la fila central, bajo los dedos. En teoría era más rápida. Y sin embargo nunca se extendió. La razón es simple. Una vez que cientos de millones la han aprendido con las manos, una vez que las escuelas la enseñan, una vez que toda máquina sale con esa disposición, lo que todos ya conocen vence a lo que es mejor. Para cambiar, el mundo entero tendría que reeducar sus dedos, y ese costo es demasiado alto. Así que, aun cuando existe un camino mejor, quedamos atrapados en el viejo. QWERTY sobrevivió no por ser la tecnología más fina, sino por la inercia del hábito y del estándar. La máquina de escribir ya no está, pero el compromiso de aquella época permanece, como un fósil, en las yemas de nuestros dedos.
Arriba: cambia la disposición para comparar cómo quedan los mismos pares (T-H, S-T) en QWERTY frente a una disposición ABC hipotética. Abajo: toca una letra para ver su patrón Morse y por qué Z, S y E terminaron cerca.
QWERTY no fue diseñado de un solo trazo por un único genio; se parece más a un accidente que se endureció a medida que se acumulaban las circunstancias. Hay dos hilos entrelazados.
Primero, el atasco. Las primeras máquinas de escribir tenían las barras de tipos reunidas en una canasta circular. Si golpeabas dos barras vecinas en rápida sucesión, chocaban y se atascaban. Así que los pares de letras que aparecen juntos con frecuencia (como th y st en inglés) se colocaron lejos entre sí dentro de la canasta. El objetivo no era frenar al mecanógrafo, sino mantener las barras moviéndose con suavidad sin enredarse.
Segundo, hay un hilo menos conocido pero más decisivo: los telegrafistas. Un cliente importante de las primeras máquinas de escribir eran los operadores que transcribían el código Morse en letras. A ellos, de hecho, el orden alfabético les resultaba incómodo. En Morse, por ejemplo, Z y SE suenan casi igual, así que quien recibía no podía saber cuál era hasta que llegaba la letra siguiente. Colocar la S cerca de la Z y la E les permitía teclear rápido. El teclado se fue afinando reflejando estas demandas del terreno. En cierto sentido, no fue el teclado el que hizo al mecanógrafo, sino el mecanógrafo el que hizo el teclado.
Así que, más que dar por correcta una sola respuesta, lo más exacto es ver ambas circunstancias actuando juntas. Y en 1873, Remington, una empresa de armas de fuego, fabricó en masa máquinas de escribir con esta disposición, y QWERTY se convirtió en el estándar mundial.
Esta tendencia a endurecerse una vez y luego apenas cambiar no es solo del teclado. A nuestro alrededor es común que un estándar establecido antes continúe aun cuando existe una alternativa más sensata. El orden de los colores del semáforo, las distintas formas de los enchufes según el país, de qué lado de la calle circula un coche, todo esto es así. Un acuerdo al que todos se han alineado una vez carga un peso que se resiste al cambio. Así que la disposición que tecleamos cada día es el rastro de la costumbre de un telegrafista y del aprieto de una barra de máquina de escribir de hace 150 años, llevado intacto hasta las yemas de nuestros dedos hoy. Cada vez que veas QWERTY puedes recordar esto: la tecnología no siempre avanza hacia lo mejor, sino que queda atada a lo que se endureció primero.