Partes par e impar de una señal
Recombina par e impar para reconstruir la original
La curva discontinua dorada es la señal original x(t). La parte par, con simetría especular, sola reproduce solo la mitad. Solo sumando las piezas par e impar vuelve la original exactamente.
Pliega la señal contra su reflejo
Una función par cumple x(−t) = x(t), especular respecto al eje vertical. Una impar cumple x(−t) = −x(t), central respecto al origen. Suma cualquier señal con su reflejo x(−t) y divide entre dos para quedarte solo con la parte simétrica; resta y divide para quedarte solo con la antisimétrica.
Par más impar es siempre la original
Sumar las dos fórmulas da [x(t)+x(−t)]/2 + [x(t)−x(−t)]/2 = x(t): los términos reflejados se cancelan y la original vuelve exacta. Así, toda señal se escribe de forma única como suma de sus partes par e impar. Esta división suele simplificar el trabajo: por ejemplo, una integral que halla simetría puede anular la mitad de sus términos.
Medir el tamaño: energía o potencia
El tamaño de una señal se mide con dos varas. Si la energía total E = ∫|x(t)|² dt es finita, es una señal de energía y su potencia media es 0; las señales que se desvanecen, como los pulsos, viven aquí. En cambio, una señal que dura por siempre, como una periódica, tiene E = ∞ pero potencia media P finita, así que se llama señal de potencia. Ninguna señal puede ser ambas.
De vuelta a la primera pantalla
La parte par sola, al ser especular, solo coincidía con la mitad de la original inclinada. Sumar la parte impar canceló los términos reflejados y devolvió exacta la original discontinua dorada. Toda señal se divide así, de forma única, en dos piezas independientes: simétrica (par) y antisimétrica (impar). Y el tamaño de una señal se lee como energía si se desvanece, potencia si persiste. La simetría mide la forma; energía y potencia miden el tamaño: varas distintas.
La simetría se vuelve una palanca que recorta el trabajo futuro. En la transformada de Fourier, las señales pares van a cosenos (real) y las impares a senos (imaginario), fijando la simetría del espectro. La división energía–potencia es el puente del teorema de Parseval, que mide el mismo tamaño en tiempo y frecuencia, y la base del espectro de potencia. La próxima unidad, propiedades de un sistema, clasifica no señales sino los sistemas que las transforman: lineal, invariante en el tiempo, causal.